Vinculando los
Agentes Biológicos Contra Cultivos Ilícitos a Los Tratados
Internacionales Contra la Guerra Biológica
por Edward
Hammond, Sunshine Project[1]
Ponencia
dada en:
La
Guerra Contra las Drogas y el Uso de Agentes Biológicos, Universidad Andina Simón
Bolívar (Quito), 10-11 de Octubre de 2000.
y
Foro
Internacional Política Antidrogas:
De la fumigación a la erradicación manual, Facultad de Derecho, Universidad Nacional de Colombia
(Bogotá), 13 de Octubre de 2000.
A partir de los años sesenta y más seriamente, desde finales de los ochenta, los Estados Unidos y el Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización de Drogas (UNDCP por sus siglas en inglés), han estado buscando agentes biológicos para el control de cultivos ilícitos. A pesar de la falta de un consenso internacional sobre esta estrategia, en los últimos dos años el proyecto ha tomado un perfil mucho más alto, gracias a nuevos políticos en UNDCP y a los avances técnicos de estudios llevados a cabo en los EEUU y Asia Central. Las propuestas para pruebas de campo en América Latina y la posibilidad inminente de uso extensivo en las Américas y Asia, ha generado gran preocupación y controversia. Para el Sunshine Project, este mal denominado programa de "control biológico" es nada menos que guerra biológica y subraya las fallas del régimen internacional contra el uso de armas biológicas y la necesidad de actualizarlo para que responda a los conflictos y tecnologías del siglo 21.
¿Por
qué consideramos los agentes biológicos desarrollados por los
EEUU y UNDCP para erradicar cultivos ilícitos son armas
biológicas?
Las armas biológicas son una pregunta de propuesta y intención. En el caso de los mal denominados "controles biológicos" para matar cultivos ilícitos de marihuana, amapola, y coca es claro que han sido desarrollado con una intención hostil en una guerra caliente, es decir, una guerra verdadera. En Colombia serían utilizados en el conflicto armado interno, como parte de un paquete de ayuda externa, predominantemente militar, estadounidense en que inclusive los EEUU reconocen que no se puede separar el esfuerzo antinarcóticos de la guerra civil contrainsurgente. Geográficamente, su uso ha sido propuesto en la zona sur del país, área controlada por la guerrilla colombiana, con el propósito de quitarle a este grupo insurgente una fuente de ingresos para su guerra contra el gobierno de este país.
También
es muy importante que, desde la perspectiva internacional, la intención
hostil y el uso en un conflicto armado también es el caso en otros
países productores de cultivos ilícitos como Afganistán y
Birmania. Hace apenas un
año, EEUU bombardeó Afganistán después de los
ataques contra embajadas estadounidenses en África y existe, en muchos
aspectos, una guerra no declarada entre los Talibanes y Washington. En el caso de Birmania, también
existe un conflicto armado interno y relaciones frías con los EEUU.
Los agentes biológicos han sido
desarrollados para matar cultivos. Para
controlar la proliferación de armas biológicas, es clave que
la comunidad internacional condene cualquier esfuerzo de un país (o
países) para desarrollar un agente biológico para matar cultivos
en otros países. Si la
comunidad internacional no actúa y deja abierta la puerta para desarrollar
tales agentes, ¿dónde vamos a parar? La misma ciencia utilizada en el
proceso de armar una guerra biológica contra la coca, marihuana, o
amapola podría ser aplicada a otras cosechas como trigo, maíz,
o cebada. En ese orden de ideas, mientras que UNDCP, los EEUU, y Colombia
sigan considerando el uso de armas biológicas, esta política
funciona para alentar a los demás países (y sectores armados)
a que consideren las posibilidades de usar agentes biológicos para
servir sus fines políticos.
Si Fusarium
oxysporum, Pleospora papaveraceae, y los otros agentes biológicos tuviesen como blanco cualquier
otro cultivo diferente a las plantas narcóticas, serían considerados
instantáneamente armas biológicas bajo el derecho internacional.
Así, en la práctica, la política de los EEUU crea
un hueco en la Convención sobre Armas Biológicas y Toxínicas
al permitir actividades contra cultivos ilícitos que son ilegales en
cualquier otra circunstancia. Imaginen
¿cómo reaccionarían los EEUU si un país, con ciudadanos
víctimas de cáncer debido a exportaciones de tabaco desde los
EEUU, decide desarrollar un agente biológico para arrojar en los campos
de Virginia y Carolina del Norte?
No
deberíamos tomar este paso desestabilizador hacia un mundo permisivo
respecto de la investigación y el uso de armas biológicas.
Los agentes
biológicos para matar cultivos ilícitos serían utilizados
en programas de erradicación forzosa. En la mayoría de los ejemplos
conocidos, como lo de Ag/Bio Con[2] o según informes
del programa de investigación en Asia Central, los agentes biológicos
serían arrojados desde aviones, en "fumigaciones" biológicas. En este contexto, hay dos consideraciones importantes: Primero, la erradicación forzosa
es un acto intrínsicamente violento. Mientras haya concertación entre agricultores y el estado,
otros métodos de erradicación son preferibles. Segundo, el método de erradicación
mediante fumigaciones aéreas es un método que en la mayoría
de los casos se emplea en áreas fuera del control del estado.
Es decir, que si estamos hablando de erradicación aérea,
casi automáticamente estamos hablando de un conflicto civil en que
la autoridad e influencia del estado en la zona en donde se encuentra el cultivo
es limitada.
Los aspectos geográficos del conflicto en Colombia, al igual que Afganistán y Birmania, corresponden a una situación reconocida en el derecho internacional, en la que las partes en conflicto controlan porciones del territorio. Hay una división territorial con agricultura intensiva bajo el control de los diferentes lados armados. Y hay efectos transfronterizos.
En el programa de investigación de "control biológico" del EEUU y en el del UNDCP en Uzbekistán (financiado por los EEUU y el Reino Unido) hay científicos quienes anteriormente conformaron parte de los equipos militares de investigación de guerra biológica durante la Guerra Fría.[3] Con el cierre oficial de programas de guerra biológica en ambos países, los científicos se concentraron en la guerra contra las drogas. Considerando lo anterior, una interpretación de los programas de usar agentes biológicos contra cultivos ilícitos es que son una extensión de los mismos programas que guerra biológica de los 60 y anteriormente (y, por lo menos en al caso de la antigua Unión Soviética, hasta los 90).
Así, como ha sido mencionado anteriormente por académicos expertos en la guerra biológica, las propuestas para realizar erradicación biológica en Colombia y otros países pudieran ser interpretadas como pruebas de campo de tecnologías de la Guerra Fría aplicadas a la Guerra contra las Drogas. La actualización y comprobación de dichas tecnologías - tecnologías flexibles, potencialmente aplicables a cualquier cultivo - tienen repercusiones preocupantes respecto de la proliferación de armas biológicas a nivel global. Esta es una realidad que ha sido confirmada por el Presidente Clinton de los Estados Unidos en su memorando del 22 de agosto de 2000, en que desvinculó el apoyo estadounidense militar a Colombia, a través del Plan Colombia, al uso de armas biológicas (llamados "micoherbicidas" en el documento) en ese país.[4]
Finalmente,
también es muy importante reconocer y tomar en consideración
el vínculo entre el uso de armas biológicas en la guerra contra
las drogas y los derechos de los pueblos indígenas y los agricultores. Ambos tipos de conflicto - es decir étnico
y sobre alimentación - emergen, y son reconocidos como tales, en el
mundo post Guerra Fría.
Hay un
elemento innegable de guerra étnica en la guerra contra las drogas
y, en particular, con los esfuerzos de erradicación forzosa. Los cultivos blanco son, a su vez, plantas
sagradas, utilizadas por un gran número de pueblos indígenas
en sus ceremonias religiosas, con fines medicinales y, en el caso de la coca,
son fuente importante de vitaminas y minerales. Estos usos tradicionales se han practicado
durante miles de años, antes de las plantas fuesen utilizadas en la
producción de drogas ilícitas. Por consiguiente, los esfuerzos
de erradicación biológica niegan a los indígenas sus
derechos ancestrales - reconocidos por tratados internacionales - a sus recursos
genéticos, plantas medicinales, y conocimientos.
La erradicación forzosa pretende eliminar las relaciones históricas
entre pueblos indígenas y comunidades locales - como, por ejemplo,
el intercambio de hoja de coca (para masticar) por hortalizas que se realiza
en comunidades campesinas en el Perú.
Es decir, la erradicación impuesta por los tratados internacionales
contra las droga tienen un pleno conflicto con las leyes internacionales que
protegen los derechos de pueblos indígenas y comunidades locales como,
por ejemplo, Articulo 8(j) del Convenio sobre Diversidad Biológica,
los Derechos de Agricultor en el Compromiso Internacional de la FAO, y El
Convenio 169 del OIT.
Las razones
arriba señaladas nos llevan
a considerar la erradicación biológica como un tipo de guerra
biológica. Esta aseveración
no solo se aplica a las propuestas de los EEUU y UNDCP de usar Fusarium (contra coca y marihuana) o Pleospora (contra amapola), sino a cualquier esfuerzo de erradicar cultivos forzosamente
con agentes biológicos, los cuales deberían ser considerados
una violación de convenios internacionales contra la guerra biológica.
Por consiguiente, en esta categoría se incluyen también
las propuestas del Ministerio del Medio Ambiente de Colombia de desarrollar
y usar agentes biológicos para la erradicación de coca, que
datan desde por lo menos Mayo de 2000. Tanto el "hongo criollo"
como la polilla "ulu ulu" (Eloria noyesii) u otros
mecanismos biológicos considerados para uso en programas de erradicación
forzosa constituyen guerra biológica y deberían ser condenados
urgentemente por la comunidad internacional en los mismo términos que
los programas de los EEUU y UNDCP.
Este
campo, el fortalecimiento del consenso internacional contra la guerra
biológica, es donde trabaja el Sunshine Project. Buscamos la aplicación de los
tratados internacionales a nuevos tipos de conflicto y tecnologías. En el caso de la propuesta guerra
biológica en Colombia y otros países, el Sunshine Project busca
la aplicación de dos tratados internacionales sobre la guerra
biológica.
El primero
es la Convención sobre Armas Biológicas y Toxínicas, el BTWC
por sus siglas en inglés. Este
tratado, de los años 70, prohíbe no solo el uso sino es desarrollo
y almacenamiento de patógenos y toxinas que no tienen una finalidad
pacífica. Suena bien y,
con una consideración inicial del caso de la erradicación forzosa
con agentes biológicos, en los términos más sencillos,
tenemos un caso.
Pero obviamente
es un poco más complicado y en este tiempo corto voy a señalar
algunas de los principales obstáculos. Primero, en Ginebra - donde se llevan
a cabo las negociaciones - hay una escasa participación de la sociedad
civil. En años recientes
un grupo de académicos, incluyendo la Federación de Científicos
Americanos, ha jugado un rol importante y positivo y han logrado avances importantes,
por ejemplo, en los esfuerzos para desarrollar un Protocolo de Verificación.
No obstante, hay una necesidad de una participación más
amplia de ONGs, particularmente provenientes del Sur político (debido
a las características históricas de la Convención).
La influencia
de la historia es fuerte en la Convención y con los cambios políticos
y tecnológicos su actualización ha sido lenta.
El BTWC es una convención proveniente de la época de
la Guerra Fría, por lo tanto sus preocupaciones tradicionales
no están actualizadas en muchos sentidos. La aonvención está principalmente
orientado a la guerra entre estados, como resultado de la sombra del viejo
conflicto entre los EEUU y el antigua Unión Soviética. También las discusiones en la convención
tienen una tendencia de enfatizar "armas biológicas clásicas",
es decir, una preocupación grande sobre, por ejemplo, ántrax
en escudos de artillería y no tanto para las preocupantes posibilidades
más recientes de abuso de tecnologías como marcadores genéticos
"étnicos" o promotores inducibles.
Asuntos que están cayendo por fuera del "threat assessment" (evaluación de amenaza) de los militares, a pesar de sus repercusiones
preocupantes.
Vale la
pena preguntar y discutir la posibilidad de que, aun si las preocupaciones
sobre guerra biológica clásica o bioterrorismo continúan
siendo válidas, si las partes del BTWC, con delegaciones dominadas por
militares y políticos muy especializados en asuntos de seguridad,
están fracasando en su trabajo más amplio de proteger la
comunidad internacional no sólo contra bombas de botulismo, sino contra
la guerra biológica en todas sus formas.
Creemos
que podemos cambiar todo eso. En
este año y 2001, el BTWC seguirá con su esfuerzo de terminar y
adoptar un Protocolo de Verificación. El Protocolo que, por vez primera, permitirá
inspecciones internacionales de instalaciones sospechosas de producir armas
biológicas. Con seguridad,
será un paso adelante, pero hay que seguir más allá de la
verificación y entrar seriamente a abordar nuevos tipos de conflictos,
como el que se en vive Colombia hoy, y nuevos tipos de tecnologías.
Ahora quisiera
tocar brevemente otra posibilidad, otro tratado internacional que pudiera
ser útil para evitar la erradicación forzosa biológica (y, quizás, química)
en los Andes. La Convención
ENMOD, en inglés "The Convention on the Prohibition of Military
or Any Other Hostile Use of Environmental Modification Techniques" (La
Convención sobre la Prohibición de utilizar técnicas
de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles).
Este es una convención que entró en vigencia en 1978.
El ENMOD fue el resultado político directo del uso de Agente
Naranja (y los menos conocidos Agentes Azul y Blanco, que atacaron cultivos)
por los EEUU en la guerra en Vietnam.
El ENMOD prohíbe modificar el medio ambiente como arma en la guerra. Es decir, prohíbe el acto de cambiar la naturaleza, como un mecanismo para lograr un fin militar, no el arma usada para crear dicho cambio. En tal sentido es una Convención de "no uso", más que una convención de "control de armas." Cuando ENMOD fue negociado a principios de los 70, los autores tenían en mente ejemplos de modificación de medio ambiente tales como la creación deliberada de sismos, uso de herbicidas (como los que tienen impactos de amplio espectro como Agente Naranja y glifosato), creación de lluvias, y liberación deliberada de gases dañinos para la capa de ozono.
Para violar
ENMOD un país (o actor) debe haber cometido un ataque contra el medio
ambiente que satisfecha una "troika" (3) criterios sobre los impactos:
1) Área geográfica "varios cientos de kilómetros cuadrados"
(no necesariamente
contiguos)
2) Duración
"meses" o "una estación"
3) Severos "dañar u ocasionar problemas serios para
la vida humana, recursos naturales o económicos u otros activos"
ENMOD también
se aplica en conflictos no declarados o no abiertos, es decir a conflictos
internos. También se aplica
a aquellos estados que asisten, alienten e inciten a otro estado a efectuar
la modificación ambiental, con fines hostiles.
Finalmente, los Estados Unidos son parte de la Convención.
Como es el caso con el BTWC, un consideración inicial de la aplicabilidad de ENMOD frente al uso de armas biológicas (y, quizás, químicas) para la erradicación forzosa de cultivos ilícitos presenta posibilidades interesantes. Pero al igual que el BTWC y posiblemente aún más que esta convención, ENMOD tiene problemas.
Primero,
ENMOD nunca ha logrado un nivel de ratificación similar al de tratados
ambiéntales con los cuales existe un vinculo natural, como el Convenio
de Diversidad Biológica. ENMOD cuenta solamente con alrededor de 70
estados partes el mundo. Colombia
no es parte del tratado.
Segundo,
en el análisis de muchos expertos académicos y gubernamentales,
la "troika" de ENMOD es demasiado alta para uso práctico.
Afortunadamente, la modificación del medio ambiente para fines
hostiles a una escala tan grande no ocurre diariamente.
Pero el propuesto uso masivo de agentes biológicos y el uso
actual de herbicidas de amplio espectro a gran escala en el conflicto interno
en Colombia crean condiciones para argumentar que los daños ambientales
violan la troika.
Desafortunadamente,
el ENMOD sufrió un daño serio a mediados de los 90, después
de la Guerra del Golfo Pérsico, cuando las partes de ENMOD no lograron
condenar Irak por los incendios deliberados que tropas de este país
hicieron en los pozos petroleros de Kuwait. Así, la Convención, que
nunca ha sido utilizado para condenar un país, perdió prestigio
e influencia con el fracaso de esfuerzos para condenar lo que posiblemente
es el peor caso de guerra biológica ambiental después de Vietnam.
Sin duda el proceso de ENMOD se encuentra un tanto paralizado y con una enorme falta de participación de la sociedad civil. Pero en los debates sobre los impactos biotecnología hay un creciente reconocimiento de su aplicabilidad potencial a formas nuevas de guerra (como, por ejemplo, la "tecnología terminator" que impide germinación de cultivos). El mediano plazo, el Sunshine Project cree que un renacimiento del proceso en ENMOD es deseable y necesario.
En el caso
del uso de agentes biológicos para erradicación forzosa, un
paso adelante sería la ratificación, para uso posterior, de
ENMOD por países en las regiones donde hay propuestas (o actos) de
erradicación biológica o química a escala masiva. El
Sunshine Project también está iniciando una serie de actividades
con organismos especializados de la ONU como el Convención de Diversidad
Biológica, la Organización Mundial de la Salud, y la FAO - Organización
Mundial para la Alimentación y la Agricultura - con el propósito
de crear condiciones favorables para la eventual revisión y reinterpretación
de dichos acuerdos.
Para
concluir, la agenda que hemos tomado, de vincular la erradicación con
agentes biológicos con los tratados internacionales sobre guerra
biológica no es un proceso sencillo ni fácil. Afortunadamente hay un número de
procesos internacionales donde hay posibilidades de avanzar en los esfuerzos
contra la guerra biológica con el fin eventual de llegar a cambiar los
acuerdos internacionales de seguridad, prohibiendo así el uso de agentes
biológicos en la erradicación de cultivos.
Si
alguien tiene dudas sobre las posibilidades de éxito, sólo hay
que mirar pocos meses atrás.
En junio de 2000, cuando el Congreso Estadounidense aprobó los
fondos para Plan Colombia y vinculó su desembolso a que Colombia llegue
a un acuerdo para el uso de Fusarium, buena
parte de la sociedad civil creyó que la batalla se había
perdido. Pocos expertos
académicos en la guerra biológica querían tratar el tema,
y el hongo y las demás armas biológicas fueron casi
desconocidos.
Ahora,
en Octubre 2000, con las campañas de la sociedad civil que vinculan a
ONGs en los campos de armas biológicas, medio ambiente, política
de drogas, y derechos humanos y de pueblos indígenas, el impulso ha
cambiado. Todavía hay mucho que temer; pero la Administración
Estadounidense ha admitido que las micoherbicidas presentan problemas
potenciales con la proliferación de armas biológicas, el UNDCP ha
retirado del proyecto Fusarium en Sudamérica, y hay un nivel de
concientización mucho mayor en un gran parte del mundo.
Así,
manteniendo y fortaleciendo la cooperación que hemos logrado entre
diversos sectores de la sociedad civil y que estamos adelantado aún
más con estos encuentros, el Sunshine Project es optimista y cree que
hay buenas posibilidades de éxito en la campaña contra el uso de
armas biológicas para la erradicación a nivel mundial.
[1] El Sunshine Project es una organización internacional no gubernamental dedicada a fortalecer el consenso internacional contra el desarrollo y uso de armas biológicas. El Sunshine Project busca la actualización de los tratados internacionales contra la guerra biológica para que reflejen nuevos tipos de conflicto post Guerra Fría y nuevos desarrollos biotecnológicos. El proyecto tiene oficinas en Austin (Texas), EEUU y Hamburgo, Alemania. Su página web es www.sunshine-project.org. El correo electrónico del autor es hammond@sunshine-project.org.
[2] La compañia de Dr. David Sands, cientifico estadounidense que ha desarrollado el Fusarium oxysporum cepa EN-4.
[3] En Asia Central, el Instituto de Genética en Tashkent ha sido ampliamente vinculado con el programa de armas biológicas de la antigua Unión Soviética. En los Estados Unidos, un equipo en Fort Detrick, Maryland liderado por Dr. Vernon Damsteegt, quien trabajó en el programa de armas biológicas abierta del Ejercito estadounidense en los 60 sigue realizando investigaciones sobre un virus para controlar la amapola que fue descubierto por el programa militar en 1969.
[4] Para mayor información sobre el asunto, ver el comunicado de prensa del Sunshine Project del 29 de agosto de 2000, Estados Unidos Admite Posible Vínculo entre Armas Biológicas y Agente Verde , en http://www.sunshine-project.org.